Me gustan las pequeñas vivencias,
porque frecuentemente encierran la grandeza,
vivencias pequeñísimas pero cargadas de significado
que explican la historia
Eduardo Galeano.
Marco Conceptual
En primer lugar nos encontramos ante la necesidad de conceptualizar, aunque brevemente, lo que entendemos por vida cotidiana. No es nuestro objetivo profundizar sobre el tema sino plantear su complejidad y entender las diferentes posibilidades educativas que ésta nos plantea.
Enrique Pichon-Riviére nos dice:
(…) podríamos definir la cotidianidad como el espacio y el tiempo en que se manifiesta, en forma inmediata, las relaciones que los hombres establecen entre sí y con la naturaleza en función de sus necesidades, configurándose así lo que hemos denominado ‘sus condiciones concretas de existencia’. Cotidianidad es la manifestación inmediata, en un tiempo, en un ritmo, en un espacio, de las complejas relaciones sociales que regulan la vida de los hombres en una época histórica determinada.1
Por otro lado, Agnes Heller nos plantea así este concepto:
La vida cotidiana es el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, los cuales a su vez, crean la posibilidad de la reproducción social2
Vida cotidiana sería entonces el día tras día de cada uno de nosotros, que tiene un ritmo, un espacio y un tiempo, que está determinado históricamente. Una de las características fundamentales que hace a la vida cotidiana es su carácter pragmático, es acción, que se nos presenta como vida en movimiento, que vamos sintiendo como algo natural, como “la realidad por excelencia”, por lo tanto algo no discutible, algo que no problematizamos, un hecho acrítico e irreflexivo. Debemos partir de que este “hecho” (lo cotidiano) es un fenómeno de la cultura y no un hecho natural, nuestro trabajo es, entonces, conocer este fenómeno cultural para entender los porqués de determinados comportamientos sociales y terminar así con la idea de fatalismo que impide cambiar la vida de los individuos.
Nos dice Luis Carrizo:
El campo de la vida cotidiana conjuga lo micro con lo macro, lo personal con lo social, la proximidad del yo-tu con la trascendencia hacia los otros y el futuro. Se trata de un campo cuyo estudio requiere de una perspectiva transdisciplinaria y compleja de la realidad, necesaria para incursionar en el análisis de las condiciones en las que una sociedad se posiciona frente a sí misma, frente a su prójimo y frente al devenir (...) La vida cotidiana constituye un crisol fundamental donde se puede potenciar una reforma del pensamiento que supere los reduccionismos y fragmentaciones del sentir, pensar y actuar, contribuyendo al desarrollo de una política de civilización3
¿Por qué es importante reflexionar acerca de la cotidianidad? Porque tendemos a tomar la cotidianidad como lo evidente, lo eterno, lo inamovible, y lo que pretendemos es una crítica de la vida cotidiana. Crítica, en su sentido etimológico es separar, distinguir o sea la posibilidad de pensar y reflexionar acerca de la vida cotidiana, la posibilidad de no naturalizarla porque si uno toma distancia, la distingue, la discrimina y puede reflexionar sobre ella, estamos mucho mas predispuestos a cambiarla. Desde esta representación de la cotidianidad (evidente, eterna, inamovible) nos movemos en ella con una familiaridad acrítica, con una ilusión de conocimiento que sólo es desconocimiento. Y a partir del mito de lo "natural", "lo eterno", "la realidad por excelencia", "lo que simplemente es", la realidad de lo cotidiano ha desaparecido de la representación. Por eso afirmamos junto a P Rivière que la realidad social se muestra y se oculta a la vez en la vida cotidiana, "se muestra en los hechos y se oculta en la representación social de los hechos". Si está naturalizada y es vivida como eterna, como inamovible, como que "la realidad es así", es impensable plantearnos un cambio en nuestra mirada que nunca es ingenua ya que siempre estamos viendo a través del cristal por el cual nos enseñan a mirar.
Relata Alejandro Simonetti y Gladys Adamson en Crítica de la vida cotidiana una experiencia en el río Paraná
(...) le pregunto a un lugareño ¿todavía hay yacarés en el río Paraná o están todos exterminados? ¿Cómo es la situación de los yacarés?, y me dice: 'no sí que hay, no ve que ahí hay?' y yo miraba y no veía nada. 'No, mire hay un yacaré ahí en la costa de la isla de enfrente'. Yo miraba, no veía nada, y hasta que no se movió yo no tenía la posibilidad de distinguir entre esos troncos, maleza, río, costa, no tenía manera de distinguir lo que él sí distinguía y para él era evidente.(CITA)
O sea que su práctica en ese contexto, hace que él perciba cosas que no era lo mismo que el otro percibía. Otra experiencia que relata Angélica Alberico en Crítica de la vida cotidiana argentina dice:
Esto de las categorías a mi me interesa destacarlo, porque me parece que es un punto importante porque las categorías nuestras forman nuestra percepción, nosotros vemos lo que nos enseñan a ver (...). Felix Jiménez especie de prócer paraguayo que ha mantenido mucho contacto con grupos aborígenes de Paraguay, me contaba sobre esas conversaciones y me decía que el amanecer, por ejemplo, no es uno sino cuatro amaneceres. Hay un amanecer amarillo, hay un amanecer blanco, hay un amanecer rojo, y hay un ya amaneció, amaneció completamente. Y yo lo tomaba así como algo interesante, porque el amanecer es un proceso y entonces hay etapas. Hasta que una vez me tocó viajar en un avión y ver el amanecer de arriba, y el cielo se puso primero amarillo, y después se puso rojo y después se puso blanco, y después salió el sol, y eran las cuatro etapas. Ahora, yo las pude ver porque primero alguien me las había informado, porque sino, yo hubiera visto el proceso como lo vemos nosotros. Nosotros vamos viendo como las cosas se desarrollan, lo mismo en el anochecer, vemos el proceso gradual y no vemos esas cuatro etapas del amanecer. Las vi después que me enseñaron como se las veía y así nos pasa con un montón de cosas"
Los dos ejemplos anteriores expresan cómo la mirada sobre la vida cotidiana, se va educando, y esa educación, que es una construcción cultural de la mirada, nos va perfilando nuestra capacidad de ver, en definitiva, el alcance de nuestro “horizonte”. En la vida cotidiana se van tejiendo tramas vinculares que van conformando una determinada subjetividad a partir de la relación con los otros. Pichón dice, que la estructura vincular, la subjetividad, es emergente de toda la estructura social que gira incidiendo en estos ámbitos interdependientes hasta llegar a las subjetividad, los vínculos, las estructuras vinculares reproducen modalidades, estilos características que tiene que ver con el momento histórico en el cual se vive. Entendemos, entonces, que la vida cotidiana nos presenta un mundo subjetivo, que el yo experimenta, pero a la vez ese mundo es intersubjetivo, social, compartido. Para cada uno de nosotros "mi mundo" es un mundo que vivo con otros.
En la vida cotidiana se da un elemento que tiene mucho peso en la constitución de la subjetividad que es la producción y reproducción de los bienes materiales que permiten la existencia, la sobrevivencia. Esto es importante porque estas producciones y reproducciones de los bienes de existencia no solamente solucionan el problema material (de la alimentación por ejemplo) sino que tienen un efecto en la producción de representaciones y en la conformación de determinados tipos de sensibilidad, en las maneras de pensar, de posicionarse frente al mundo, que son diferentes para cada época histórica.
En el caso denuestras sociedades, el hecho de tener trabajo organiza los horarios, los espacios, el tiempo venidero, el tiempo libre, los tiempos de acciones, o sea el trabajo entendido como eje es un gran organizador de la vida cotidiana, de ahí el efecto devastador que tiene la desocupación, que va crea un nuevo tipo de subjetividad. Esta situación de exclusión social para alguien que no elige ser un “excluido” es muy destructiva, pero también el trabajo puede ser destructivo (como decía Nitezsche, no hay nada más destructivo que hacer algo sin una necesidad interna, si pasión, sin sentido). Recordemos el mito de Sísifo, que cuenta que los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Tanto las personas que llegan a la institución, como los educadores, aunque compartiendo el mismo tiempo histórico, vienen probablemente de diferentes experiencias de vida cotidiana y es en esta conjunción de experiencias, donde se va perfilando y construyendo una nueva vida cotidiana para todos. Así como ellos están excluidos del trabajo, y de las condiciones mínimas para la reproducción digna de la existencia, y esto va conformando una manera de relacionarse con el mundo y la vida cotidiana, el trabajo del educador, debe construir con ellos y no sólo para ellos, una nueva realidad que dignifique tanto a las personas que vienen a la institución como a los educadores mismos.
1 Pichon-Rivière Enrique y Pampliega de Quiroga Ana,
Psicología de la Vida Cotidiana. Buenos Aires, Nueva Visión., 1985.
2 Heller Agnes, Sociología de la vida cotidiana, Barcelona, Península, 1994.
3 Carrizo Luis, Vida cotidiana, complejidad e incertidumbre, Uruguay Ed. Ideas, 2003.