Según los estatutos de CEPRODIH, su misión es la “... asistencia y promoción, así como defensa de los derechos los más pobres de la comunidad...” y entre éstos, aquellos más vulnerables: mujeres, niños y ancianos.
FAMILIAS
Los programas vinculados a familia están dirigidos especialmente a mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y 45 años, que junto a sus hijos han quedado desamparadas.
En su mayoría son victimas de violencia. Expulsadas de sus hogares o provenientes del interior del país huyendo de miseria y buscando empleo en la capital; mujeres que han sufrido abuso y abandono a lo largo de su vida, por lo que llegan con su autoestima muy disminuida y con una fuerte carga de angustia.
En la diversidad de problemáticas las une la marginación, la exclusión casi total:
Generalmente no poseen vivienda, ni trabajo, ni una familia que las contenga, además de bajo nivel de instrucción, poca o ninguna experiencia laboral, falta de documentación, falta de domicilio estable, etc. conspiran contra la posibilidad de acceder por sí solas a un empleo digno que les permita superar rápidamente tal situación.
El salir más o menos rápido y con eficacia de situaciones tan extremas, depende del grado de deterioro de los aspectos mencionados, pero sin duda también de las oportunidades concretas y del sostén de que dispongan en el momento oportuno.
Generalmente solicitan auxilio en alguna institución pública o privada quién inmediatamente las derivada a Ceprodih. Según el perfil de la familia comenzarán un proceso apuntando a la generación de un proyecto de vida sustentable a partir del programa que mas se ajuste a su situación: Refugio, Centro Diurno u Hogar.
Descripción de la población objetivo:
La mayoría de las familias atendidas por Ceprodih a lo largo de estos años pertenecen a los sectores más pobres de la sociedad.
Si bien se constatan distintos niveles de recursos y activos para enfrentar y desenvolverse ante las situaciones de extrema pobreza, el tipo de familia a que nos referimos con la sumatoria e interrelación de “pérdidas” quedan en condiciones de vulnerabilidad.
Generalmente es una población que además de vivenciar pobreza económica se encuentran inmersas en procesos de desafiliación social. El posicionamiento desde dicha conceptualización permitirá dimensionar la problemática de estas familias desde la multicausalidad y multiplicidad de variables que la atraviesan.
En relación a la sucesivas pérdidas se ha podido constatar que el desempleo y la ruptura con los vínculos familiares son los factores mas predisponentes para acercar a la familia a la situación de calle. Tales variables se interrelacionan con la de tipo de familia, en general mujeres jóvenes provenientes de hogares con perfil socio-económico-cultural desfavorable, con bajo nivel educativo y con más de un niño/a a cargo.
La investigación realizada por las licenciadas Perla Rodríguez y Selene Cheroni sobre “mujeres-madres en situación de calle”, llevada adelante a partir de la indagación y sistematización de la población que integra Ceprodih, da cuenta de que la mayoría de las mujeres con niños/as que han llegado a calle han estado expuestas a situaciones de violencia doméstica, siendo este el principal detonante del alejamiento del hogar con la consiguiente pérdida de los lazos del contexto inmediato (otros familiares, amigos, vecinos, etc.); perdiendo también a través de estos lazos su sustento económico.
Se visualiza entonces un debilitamiento del capital social generado así como, al decir de la Dra. en Psiquiatría infantil Myriam Schieber: “...se produce un corte existencial en sus vidas, se deja atrás ese mundo conocido, que, aunque hostil y lleno de carencias es su mundo.”
El trabajo conjunto con los albergues nocturnos en Montevideo y la experiencia en los distintos programas de Ceprodih en la atención directa a las mujeres-madres y sus hijos/as que llegan a los mismos han permitido constatar que la variable tiempo, en relación a la permanencia en calle, es una de las dimensiones a considerar al momento de diagnosticar u generar estrategias de intervención apropiadas.
Sabido es que el proceso de callejización se agudiza en la medida en que se prolonga en el tiempo, generando un deterioro cada vez mas profundo en las personas que en él, se ven ancladas.
La Psicóloga Lucia Pierri define el proceso de callejización como.” Un concepto que intenta describir o que alude a las sucesivas desvinculaciones de espacios de socialización, y por lo tanto proveedores de competencias y oportunidades de desarrollo”.
Si a esto se añade que es la madre junto con sus niños/as los que transitan por esta situación se amplía y reproduce el círculo de vulnerabilidades, generando un entrecruzamiento de problemáticas cada vez mas difíciles de revertir. Algunas de las situaciones problema que se han visualizado en relación a este perfil y que incrementan los factores de riesgo: - historia de institucionalización en la madre que es reeditada en el hijo/a.
- Naturalización del contexto calle, en la medida que se vuelve cotidiano y “familiar” se debilitan las posibilidades de problematizarlo.
- Inmediatismo, la supervivencia cotidiana dificulta la proyección a mediano o largo plazo.
- Desvinculación de las redes de pertenencia.
- Inestabilidad emocional, las familias quedan expuestas a la agresividad del contexto calle, no pudiendo “predecir” lo que va a ocurrir en el día.
- Cuadros depresivos y/o trastornos psiquiátricos.
- Vinculo madre-hijo/a deteriorado, indiferenciación, escaso estimulo producto de los factores estresantes ambientales.
- Debilitamiento de hábitos sociales.
- Deterioro físico.
- Bajo nivel de autoestima.
En relación con los/las niños/as alguno de los problemas que se ven con más frecuencia:
- Los/las lactantes y preescolares muchas veces llegan a la institución desnutridos, lo que hace a su vez que estén mas propensos a las infecciones, sobre todo respiratorias y digestivas.
- En los/las niños/as en edad escolar se ve con alta frecuencia problemas en la escuela, tanto de rendimiento como de conducta.
- El lenguaje en general en estos/as niños/as se desarrolla tardíamente y es menos rico en sus expresiones.
- Con relación a su desarrollo psicomotríz se obtienen niveles no esperados para la etapa en que se encuentran.
A su vez se han logrado develar en los núcleos familiares abordados, condicionantes positivas o que actúan como factores de protección y promoción tales como:
- Nivel educativo de la madre, superior a diez años de escolaridad.
- Número de hijos/as.
- Vínculos positivos, lazos que permanecen en la situación de crisis o que toman contacto o colaboran con la familia desde la calle.
- Recursos personales de la mujer en habilidades sociales, información, experiencia, destrezas y/o capacidades para desenvolverse laboralmente, etc.
- Recursos internos: historia personal, capacidad para reponerse ante situaciones difíciles, disconformidad y/o reconocimiento de la situación en la que se encuentra, etc.
- Permanencia de algunos lazos institucionales tales como escuela, guardería de sus hijos/as, policlínica, parroquia, etc..
- Presencia de rutinas organizadas.
- Tiempo de calle, como estrategia de sobrevivencia pero manteniendo vinculaciones sociales e institucionales.
El reconocimiento de factores predisponentes y favorables en cada núcleo, posibilita estructurar una propuesta de abordaje interdisciplinario personalizado capaz de reducir y/o transformar los efectos desafiliatorios de las situaciones en que se encuentran estos sectores de la población.
TERCERA EDAD
La población objetivo se centra especialmente en adultos, mayores de 55 años, tanto hombres como mujeres en situación de extrema pobreza.
En su mayoría traen consigo historias de abandono, maltrato, adicciones por lo que llegan con su autoestima muy disminuida y con una fuerte carga de angustia.
Se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad social y emocional: han perdido el trabajo, no tienen vivienda, ni cuentan con una familia que los contenga. En su mayoría, no tienen edad para jubilarse, pero por su edad tampoco pueden acceder a un empleo que les permita sobrevivir dignamente. Aquellos que poseen jubilación o pensión es tan escasa que tampoco les permite pagar una habitación.
Además, bajo nivel de instrucción, experiencia laboral de baja calificación, carencia de referencias, falta de documentación, falta de domicilio estable, patologías, consumo de bebidas alcohólicas, etc. conspiran contra posibilidad superar su situación por sí solos.
Quedar en la calle provoca a corto tiempo un deterioro físico, moral y espiritual que altera la reinserción normal en su entorno, pudiendo ser arrastrados a estrategias de sobrevivencia como son el trabajo informal, la mendicidad, o simplemente se dejan caer en el abandono y la depresión.
Una vez en la calle generalmente comienzan a tejer un circuito de servicios: comedores, merenderos, ventas de ropa económica, refugios, etc. en los cuales van rotando y del cual difícilmente pueden salir por sí solos.
1 Dra. Myriam Schieber, En Común, boletín de Ceprodih. septiembre de 2003.
2 Psicóloga, Lucia Pierri. Curso:” Niños/as y adolescentes en situación de calle”, C.F.E.I., septiembre de 2002.